lunes, 23 de enero de 2012

El caballero de Thun


EL CABALLERO DE THUN


En tiempos de las cruzadas, existió un caballero suizo llamado "el caballero de Thun" por haber nacido en el pueblecito de este nombre. Debes saber que las cruzadas fueron las guerras emprendidas por los cristianos contra los pueblos infieles en la edad media para la recuperar los santos lugares.

Algunas veces los cruzados, es decir los caballeros que participaban en esas luchas no tenían que pelear. Descansaban y podían recorrer los alrededores de sus campamentos.



EL BOSQUE Y SUS TRAMPAS

Cierto día este caballero había entrado en un bosque buscando un clima más agradable. Cuando oyó cerca unos terribles rugidos- ¡Madre Mía! -pensó asustado- seguramente es un león. Estaba a punto de echar a correr hacia su tienda, pero se detuvo al darse cuenta de que aquellos rugidos parecían de dolor. Eran como lamentos de un ser que sufre atroces dolores. Y como era muy bueno, comenzó a buscar por todas partes al causante de su alarma, diciéndose: -¡Sin duda está herido! Debo encontrar a ese infeliz para socorrerle.
Iba de aquí para allá , cuando se dio cuenta de que los rugidos parecían proceder de abajo de la tierra. En efecto, pronto halló una trampa construida en una espesura de árboles. Era una fosa grande y profunda, cubierta cuidadosamente de ramas para hacerla invisible, las cuales se hundían al ser pisadas por cualquier animal, quedando así prisionero en su fondo.



EL CABALLERO Y EL LEÓN

Efectivamente, un león había caído en ella, y estaba enredado entre las llanas allí acumuladas. Además, con el golpe se había roto una pata. Y rugía tanto de dolor como por verse impotente para huir. Sin miedo alguno, el caballero se acercó, cortó las lianas y le tendió la mano -en la cual puso la fiera su terrible zarpa - para ayudarle a salir. Luego le hizo tenderse a fin de poder curarle la herida, le dio de deber y le acarició, diciéndole:

- Querido león, hasta la vista. Siento dejarte; mas ya se acerca la hora de regresar al lado de mis compañeros.

Como el león no podía hablar, nada le contestó; pero cuando aquél echó a andar, él hizo otro tanto, siguiendole paso a paso, como si fuera un cachorro, y arrastrando su pata herida.

Desde entonces fueron compañeros inseparables. Iban juntos a todas partes. El león era tan bueno y manso como un animal doméstico. Comía con él, dormía al pie de su cama y lo ayudaba a pelear, con gran terror de los enemigos, que huían llenos de pánico al verlo. Por eso nuestro guerrero siempre volvía vencedor y sano de todas las batallas.





LA DESPEDIDA.

Sin embargo, llegó un día en que el caballero debía regresar a su país. Se lo dijo al león, abranzandole y derramando abundantes lágrimas sobre su hermosa melena, que brillaba al sol. Aunque, naturalmente, no pudo entender sus palabras, el animal se puso triste al ver llorar a su amigo, a quien tanto quería, si bien no llegaba a comprender la causa del llanto. Solamente se dio cuenta de ello, cuando lo vio dirigirse a una nave y embarcarse, sin intentar llevarlo consigo.

Al empezar a moverse el barco lentamente hacia alta mar, el fiel animal lanzó un terrible rugido y se arrojo al agua. Nadó desesperadamente sintió que sus fuerzas lo abandonaban. Entonces -desesperado -se abandonó a merced de las olas, hundiéndose.

Se dice que el capitán del barco, compadecido, hizo retroceder el navío para salvarlo. Y hay quien añade que el caballero se lo llevo al país, donde el león vivió siempre tan fiel y manso como un cachorro...

Es preferible que aquí sucediera, porque otro modo, pensando en la ingratitud del caballero y en la nobleza de la agradecida fiera, se sienten ganas de llorar...



(Este cuento lo leí en una especie de enciclopedia infantil. Recuerdo que estaba muy pequeña y que nunca se me quedo en la memoria desde entonces)

Y oficialmente cumplo tres año como blogger :D

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